El Ministerio de Economía alemán confirmó esta semana que un nivel de llenado de entre el 60% y el 70% en sus almacenes de gas debería ser suficiente para cubrir la demanda media durante el próximo invierno, siempre que continúen las importaciones adicionales. La declaración llega en un momento crítico: faltan poco más de dos meses para la temporada de calefacción y Alemania, el mayor consumidor de gas de la Unión Europea, afronta el otoño con sus depósitos al 50%, según datos de El Periódico de la Energía.
Este nivel representa el más bajo para estas fechas desde que existen estadísticas, y contrasta abiertamente con el objetivo del 90% que el Reglamento de Almacenamiento de Gas de la UE exige a todos los Estados miembros antes del 1 de noviembre. Ese suelo legal se diseñó tras la sacudida energética de 2022 como escudo obligatorio frente a cortes de suministro.
Modelo de mercado frente a intervención estatal
A diferencia de Países Bajos, España o Francia, donde el Estado interviene directamente para garantizar el llenado de las reservas, Alemania mantiene la decisión de compra en manos de la lógica comercial. Incluso SEFE y Uniper, las dos grandes compradoras de gas controladas por el Estado desde su nacionalización en 2022, no han recibido órdenes gubernamentales para adquirir gas al precio que sea.
La razón es económica: el margen entre comprar gas barato en verano y revenderlo caro en invierno prácticamente ha desaparecido. Los combates en Oriente Próximo y el cierre intermitente del estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del GNL mundial— han disparado también los precios de verano. El TTF holandés, referencia mayorista para toda Europa, ronda hoy los 65 euros/MWh, el doble que hace un año, con una subida del 25% solo en dos semanas. Este contexto dificulta la operativa habitual de llenado.
Consecuencias para el resto de Europa
Lo que ocurra en los almacenes alemanes no se limita a Alemania. Por su volumen de consumo y por acuerdos de solidaridad energética vinculantes, Berlín debe socorrer con gas de emergencia a Austria, Suiza, Italia y Dinamarca si el suministro se tensa. Si un invierno frío obliga a Alemania a comprar en el mercado spot a cualquier precio, esa demanda presionará al alza los precios mayoristas de todo el bloque.
Las reservas de gas europeas ya están en el 61%, el nivel más bajo para esta época desde 2009. La firma de análisis Montel cree que el objetivo de almacenamiento del 90% de la UE para el 1 de noviembre será inalcanzable. Los hogares ya notan el impacto: los nuevos contratos de gas cuestan hasta 400 euros más al año que hace doce meses.
Riesgos y apuestas
El argumento del gobierno alemán es que forzar compras públicas ahora dispararía los precios de inmediato y podría ser innecesario si el invierno es suave. El riesgo, sin embargo, es el contrario: si el frío llega pronto o Ormuz sigue cerrado, Alemania —y con ella media Europa— competirá con Asia por cargamentos limitados de GNL en el peor momento posible.
El vicecanciller Lars Klingbeil lo resumió así: «Vemos a nuestra sociedad como completamente vulnerable cuando dependemos de los combustibles fósiles». La duda no es tanto si Berlín tiene razón, sino si la tendrá a tiempo.
Fuente: El Periódico de la Energía · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Crux Solar con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
