El renacer nuclear reabre la batalla por el uranio: hay recursos, pero faltan minas

NoticiasEl renacer nuclear reabre la batalla por el uranio: hay recursos, pero faltan minas

El resurgimiento de la energía nuclear a nivel global ha devuelto al uranio al centro del debate estratégico, aunque con una paradoja crítica: el volumen de recursos identificados es suficiente, pero la capacidad para extraerlos y convertirlos en suministro efectivo avanza con demasiada lentitud. Según el informe Uranium 2026: Resources, Production and Demand, elaborado por la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE (NEA) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), los recursos disponibles podrían cubrir incluso el escenario de mayor crecimiento nuclear hasta 2050, siempre que se aceleren la exploración, la inversión y el desarrollo de nuevas explotaciones mineras.

Recursos abundantes, pero producción insuficiente

A 1 de enero de 2025, los recursos identificados recuperables a un coste inferior a 260 dólares por kilogramo de uranio superaban los 8,1 millones de toneladas. En la categoría de menos de 130 dólares por kilogramo, la cifra alcanzaba aproximadamente 5,9 millones de toneladas. Esta base de recursos, según el informe de la NEA y el OIEA, es técnicamente suficiente para sostener el crecimiento previsto del parque nuclear mundial durante las próximas décadas.

El problema radica en que disponer de recursos identificados no equivale a contar con uranio listo para alimentar los reactores. La capacidad nuclear mundial, que a comienzos de 2025 se situaba en 398 GWe, podría alcanzar entre 565 GWe y 916 GWe en 2050, dependiendo del escenario de demanda. Con ello, las necesidades anuales de uranio pasarían de unas 64.500 toneladas actuales a un rango de entre 84.800 y 143.900 toneladas en 2050.

El desfase temporal entre la identificación geológica del recurso y la puesta en marcha de una mina comercial constituye el principal cuello de botella. Desarrollar un nuevo proyecto minero exige inversiones elevadas, superar procesos regulatorios y ambientales, y construir instalaciones e infraestructuras, un proceso que puede prolongarse entre 15 y 20 años. Por tanto, las decisiones de inversión deben anticiparse mucho antes de que la demanda llegue a los mercados.

Recuperación de la inversión y del precio del uranio

La industria minera del uranio ya ha comenzado a reaccionar ante esta nueva perspectiva. Tras una década marcada por precios deprimidos, cierres temporales y retrasos, el gasto mundial en exploración y desarrollo minero alcanzó aproximadamente 1.800 millones de dólares en 2023 y 2024, un 46% más que en el bienio anterior. El gasto doméstico en exploración prácticamente se duplicó entre 2021 y 2024, llegando a rondar los 970 millones de dólares, mientras que las campañas de perforación alcanzaron unos 8.500 kilómetros durante 2023 y 2024.

Este incremento de la inversión ha coincidido con la recuperación del precio del uranio. El precio spot pasó de unos 25 dólares por libra de U₃O₈ en 2020 a alcanzar los 106 dólares en enero de 2024. Aunque posteriormente retrocedió, volvió a situarse alrededor de los 94 dólares por libra en enero de 2026. La mejora de los precios ha permitido reactivar explotaciones que permanecían paradas y avanzar algunos proyectos hacia decisiones finales de inversión.

La producción mundial alcanzó 61.924 toneladas de uranio en 2024, frente a las 47.371 toneladas de 2021. Para 2025 se esperaba superar las 66.000 toneladas, por encima incluso del máximo registrado en 2016. Este repunte responde, entre otros factores, a la recuperación de las minas canadienses de McArthur River y Key Lake, al incremento de la producción en Kazajistán y Uzbekistán y a la reapertura de instalaciones en Namibia y Australia. En Estados Unidos, la producción se triplicó en 2025 y alcanzó su nivel más alto desde 2017.

Concentración geográfica y riesgos de suministro

La dependencia de un reducido grupo de productores constituye otro de los puntos débiles del mercado. Kazajistán concentró el 38% de la producción mundial en 2024, seguido de Canadá con el 23% y Namibia con el 12%. Uzbekistán y Australia aportaron otro 8% cada uno, mientras que Rusia representó el 4%. En conjunto, los seis principales productores concentraron cerca del 93% de todo el uranio extraído ese año.

Esta concentración convierte cualquier problema operativo, político o logístico en un potencial factor de tensión para el mercado. El informe señala que en los últimos años se han producido retrasos vinculados a problemas de suministro de materiales y reactivos, permisos, mayores plazos de construcción y dificultades para alcanzar los ritmos de producción previstos.

En 2024, la producción minera cubrió aproximadamente el 96% de las necesidades de los reactores mundiales. El resto procedió de fuentes secundarias, entre ellas inventarios comerciales y gubernamentales, reprocesamiento de combustible usado, subalimentación de las plantas de enriquecimiento y reenriquecimiento de colas de uranio empobecido. Estas fuentes proporcionan un margen de seguridad para el corto plazo, pero el crecimiento sostenido de la generación nuclear exigirá aumentar también la oferta primaria.

España: recursos sin producción

España encaja especialmente bien en esta paradoja global. El país dispone de recursos de uranio, pero no cuenta actualmente con ninguna mina en producción. El informe cifra los recursos identificados españoles en 34.350 toneladas de uranio in situ a 1 de enero de 2025. De ellas, 23.000 toneladas corresponden a recursos razonablemente asegurados y otras 11.350 toneladas a recursos inferidos.

El principal foco se encuentra en Salamanca, donde se concentran los proyectos de Retortillo, Zona 7 y Alameda, además del depósito de Gambuta en Cáceres. Según los datos recogidos por la NEA y el OIEA, los recursos medidos e indicados de estos proyectos ascienden a 23.000 toneladas de uranio, a las que se suman otras 11.350 toneladas de recursos inferidos. Berkeley había calculado una capacidad potencial de producción de 1.690 toneladas anuales durante 14 años para Retortillo, Alameda y Zona 7.

Sin embargo, esos recursos no se han convertido en producción. El Miteco denegó en noviembre de 2021 la autorización de construcción de la planta de tratamiento de Retortillo para fabricar concentrado de uranio o yellowcake, así como las autorizaciones de los proyectos relacionados con Zona 7 y Alameda. La decisión está siendo recurrida ante la Audiencia Nacional.

El marco regulatorio español dificulta, además, la aparición de nuevos proyectos. La Ley de Cambio Climático y Transición Energética de 2021 estableció que no se aceptarían nuevas solicitudes de permisos de exploración, investigación o concesiones de explotación de minerales radiactivos destinados a sus propiedades radiactivas, fisionables o fértiles, ni nuevas autorizaciones para instalaciones de tratamiento de estos minerales.

La paradoja adquiere mayor relevancia porque España continúa necesitando uranio para alimentar su parque nuclear. A comienzos de 2025 había siete reactores comerciales operativos, con unos 7,1 GWe de capacidad, y las necesidades de combustible se sitúan entre 900 y 1.550 toneladas de uranio al año, aunque irán disminuyendo conforme se aproximen las fechas previstas para el cierre de las centrales. ENUSA se encarga del aprovisionamiento de uranio en nombre de las compañías propietarias de los reactores.

Fuente: El Periódico de la Energía

Fuente: El Periódico de la Energía · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Crux Solar con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

Esto te interesa

Noticias populares